
Las fotos del proyecto "La Escritura y el Deseo" juegan con altos
contrastes extremos. Muchas están tomadas a contraluz. Para
poderlas apreciar bien en tu monitor te sugerimos calibrarlo. Eso
significa ajustar el brillo y el contraste hasta que puedas ver
bien la barra superior que muestra diferentes tonalidades que van
del blanco al negro, pasando por una escala de grises.
En febrero de 2009, el Doctor Roberto Castelán, rector del Centro
Universitario de Lagos de la Universidad de Guadalajara me invitó a
participar en una mesa redonda que giraría en torno al tema “El
arte hoy: su existencia, su inexistencia, su simulación, su
verdad”. Paralelamente, y para aprovechar el viaje, se llevarían a
cabo dos sesiones de fotografía en el marco del proyecto “La
Escritura y el Deseo” en las que participarían los escritores
jaliscienses Dante Alejandro Velázquez y José Miguel Becerra. Al
frente del proyecto por parte de Lagos Estaba Yahaira Padilla
López, Coordinadora de Extensión y Difusión Cultural, que desde un
principio vio con mucha simpatía la realización de este ejercicio
fotográfico. La idea era retratar a la larga a los escritores, a
los poetas más destacados de Jalisco. Para realizar las sesiones,
contamos con Casa Serrano, un centro cultural sui generis dirigido
por Irma Guerra. Nuestros anfitriones acondicionaron un salón según
las vagas instrucciones que les di. Solicitábamos un ciclorama
negro para continuar en la misma tesitura en la que se ha
desarrollado casi todo el proyecto. Sin embargo, cuando llegamos
vimos que el ciclorama… era muy pequeño. Me di cuenta que no había
descrito con suficiente detalle lo que buscábamos. No obstante el
espacio era espléndido y pudimos adecuarnos a las circunstancias
sin mayor dificultad, aunque sabía que en algunas fotos aparecerían
destellos del viejo tapiz de las paredes. Otro problema, ya más
serio, afloró cuando la modelo, Montserrat Esparza, se sorprendió
al conocer los detalles de la propuesta: posar desnuda frente, al
lado, alrededor del escritor en un ejercicio cuerpo a cuerpo
durante dos o más horas. Le expliqué largo y tendido la trayectoria
del proyecto, su propósito artístico, hasta que aceptó. Iniciamos
así la aventura con Dante Alejandro, aunque a ratos veía yo en el
rostro de ella el deseo de tirar la toalla. Sin embargo, conforme
íbamos avanzando en la sesión le fui mostrando las fotos, los
claroscuros que captábamos. Finalmente entendió la propuesta y se
entregó a la sesión de manera cada vez más propositiva. En conjunto
la experiencia fue sorprendentemente grata. Desde que inicié el
proyecto hace siete años jamás había contado con tanto apoyo como
el que me brindaron en Lagos. Tuve oportunidad de conversar largo
con el rector en una cena que nos ofreció. Semanas más tarde,
Yahaira me llamó para darle continuidad. Al rector le había gustado
el proyecto de manera que había decidido seguir adelante, retratar
a veinte escritores jaliscienses, publicar un libro y montar una
exposición con motivo de Fotoseptiembre. Dado el poco tiempo
disponible para realizar el proyecto en su conjunto, decidimos
llevar a cabo una maratónica sesión a lo largo de una semana en
Lagos. El rector, Roberto Castelán, eligió a los escritores y
poetas, hombres y mujeres, que habrían de tomar parte, y los
convocó. De tal suerte, llegamos a Lagos con una lista extensa. Las
jornadas pintaban agotadoras. La coordinación de esta parte quedó
en manos de Luis Alberto Pérez Amezcua, quien también se entregó
con entusiasmo y dio seguimiento puntual a las necesidades de los
escritores invitados y las sesiones apoyado por Isaac de la Vega.
En esta ocasión el salón que usaríamos estaba impecablemente
acondicionado con un ciclorama negro que cubría de pared a pared y
una tarima. Un amplio sillón que prestó el mismo rector serviría de
asiento para los personajes retratados. Todo estaba listo. En esta
ocasión contaríamos con dos modelos: una mujer, Carolina, y un
varón, Asdrúbal, ambos de Guadalajara. Con Carolina, colombiana que
estudia su doctorado en la UdG, tuve un intercambio epistolar
previo, ya que tenía algunas dudas y cuestionamientos,
particularmente desde una perspectiva de género. Le expliqué los
orígenes del proyecto y disipé sus dudas, al menos eso creo. No
obstante, al reunirnos el domingo por la tarde en cuanto llegamos a
Lagos, hablamos de nueva cuenta del asunto, le expliqué la mecánica
de las sesiones e hicimos algunos ejercicios. Sin percatarnos del
tiempo terminamos muy tarde, agotados y hambrientos. Pero nos
encontramos con la sorpresa de que ya no había nada abierto. Lagos
se va temprano a dormir. Nos quedamos sin cenar. El lunes iniciamos
las sesiones. Como nada es perfecto, el primer escritor invitado no
llegó (me recordó nuestra experiencia en Puebla, donde también
retratamos a un grupo de escritores y el primero se retiró porque
conocía a la modelo y temía que su esposa se encelara). Así que
aprovechamos el tiempo que nos dio el autor ausente para hablar con
Carolina y con Asdrúbal. Ideamos una coreografía básica, una
dinámica de trabajo, y a ambos les expliqué cómo trabajar con una
luz lateral. Por lo general, los fotógrafos suelen trabajar con
luces frontales, cenitales, laterales o diagonales y su
combinación. Pero no total y únicamente horizontales en relación
con sus sujetos. Esa técnica complica las tomas considerablemente.
Sé que los resultados no son del gusto de todos. Perro arroja
fotografías que, en mi opinión, son muy interesantes. Sin embargo,
no siempre es fácil apreciar la intención fotográfica. A fin de
cuentas… ¿qué es belleza? ¿qué, estética? Para acabar de
complicarme las cosas decidí trabajar generalmente con una apertura
de 2.8, quizás 3.5, a veces un poco más. Usé un lente de 17-55 mm.
Eso es lo que me permite hacer tomas muy cercanas, distorsionando
las proporciones, enfocar un detalle de la escena, y difuminar el
resto. Muchos me cuestionan: “¡Oye! ¡Tu foto está fuera de foco!” A
lo que respondo: “No, güey, mira el pulgar de la mano izquierda.
Ese era el foco.” Las sesiones fluyeron. Carolina y Asdrúbal
trabajaron en mancuerna o en solitario maravillosamente. Atrás, a
los lados, mi compañera Laura Rojo, que tantas aventuras
fotográficas ha compartido, documentó con su gran talento lo que
aconteció. A muchos les gustarán más esas imágenes, que ella crea,
que las mías. Constituyen un proyecto muy interesante: el
seguimiento puntual de estas sesiones desde una perspectiva
“externa”: no fotografía sólo al sujeto o a los sujetos de la
sesión (los escritores), sino el conjunto, incluyéndome a mí como
fotógrafo. En mi caso la fotografía busca un alto contraste en
blanco y negro. Ella trabaja con el color. Tendría que apuntar
muchas cosas acerca de todos y cada uno de los escritores, poetas,
creadores que nos acompañaron. Ellos y ellas. Pero eso lo haré en
otro momento. En general me satisfizo verlos a todos salir con una
sonrisa grata y quizás pensativa en su rostro. A todos les repetí
que, independientemente del resultado fotográfico, que podrá ser o
no del agrado de todos, la experiencia con la que todos salen es
fundamental. Tengo una enorme gratitud hacia todos ellos: por
confiar en el proyecto, por dedicarle su tiempo, por arriesgarse.
Apunto finalmente que en esta época de la digitalización, en que
hemos estado abandonando la fotografía analógica, en que todos
quieren ver de inmediato resultados digitales para visualizarlos en
su computadora, el reto para los fotógrafos es grande. He procesado
cerca de 10,000 fotos en apenas dos semanas. Soy malo para elegir
entre unas y otras. Lo que verán en estos espacios virtuales no son
más que probaditas. Y no verán sino lo que sus computadoras, sus
monitores, les permitan. Trabajo, como les dije, buscando sólo
pinceladas de luz. A veces eso sólo se aprecia en las fotos
impresas en formatos grandes. Para ver las fotos en sus monitores
deberán tratar de “calibrarlos”, es decir, manipular los controles
para que puedan apreciar la barra de escalas de grises que he
puesto al inicio de las páginas que contienen la selección
fotográfica. No es raro que algunos no vean más que “rectángulos
negros”. “Qué bonitas te salieron estas fotos”, me dicen burlones,
“un negro perfecto”. Pero de veras deveritas, allí, en medio de esa
negrura, hay algo de luz. Pero si le suben mucho al brillo, las
aclararán de más. ¡Qué contrariedad! Este es quizás uno de los
aspectos, junto con la apreciación del color, que la digitalización
aún no resuelve universalmente. En relación con la selección: es un
primer intento. Laura escogería quizás otras. Ustedes se
inclinarían por unas diferentes. Traté de ofrecerles una selección
generosa para que perciban cómo fluyó la sesión. Ya algún curador
nos sacará a todos del error.